Continuaremos en la próxima clase, interrogando el estado actual del cuidado en relación al niño, y de que manera el empuje y el exceso inciden en los modos de articular la relación con lo imposible y el cuerpo.
Recorreremos a partir de los desarrollos de Foulcault en “El cuidado de sí y los otros” los modos en que, las diferentes prácticas que se ocupan del niño, proceden a sostener lo que los griegos consideraban como la articulación del cuidado con el conocimiento de sí.
La importancia del conducirse bien para practicar la libertad, supone para la cultura griega, ocuparse de sí mismo, cuidar de si para conocerse, formarse, superarse y evitar de esta manera el quedar dominado por aquellos apetitos que nos habitan sin saber. La libertad individual como practica reflexiva impone no solo el conocimiento de si, sino en cierta manera el conocimiento de reglas o principios que son a la vez verdades y prescripciones.
¿Qué formas y márgenes para cuidar, acompañar a los niños en la época de lo que hemos llamado “el niño preservado”, esos niños que deben evitar limites, frustraciones o contingencias para ser normales? ¿Qué modalidades cobra el ejercicio de la libertad para los adultos que necesitan cotidianamente del auxilio de los expertos para que el niño hable, despliegue el uso de su cuerpo, ocupe su tiempo, coma, juegue, aprenda, se cure de los contagios de moverse en el mundo con bacterias, sin nombrarse como responsables? ¿Son los imperativos los que ocupan ese lugar?
Los esperamos para seguir investigando qué lugar ocupa el niño y cuáles son sus respuestas.
Marita Manzotti
1 comentarios:
Nos vemos a la hora de siempre!
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