Primera Conversación del Centro de Investigaciones del Instituto Clínico Buenos Aires
15 de noviembre de 2008.
LA CRISIS DE LO REAL, EL OBJETO a Y LOS SABERES
Modos actuales del lazo
Impossible is nothing... Quo vadis?
Con una falta tal de gente con la que coexistir, como hay hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?
F. Pessoa.
El tema planteado para esta conversación del CICBA nos retrotrae a los fundamentos que originaron el CIEN.
Es que el CIEN fue creado por Jacques-Alain Miller en julio de 1996 - en Buenos Aires- con el fin de abrir una posibilidad de interrogación e intervención del psicoanálisis en el campo social, en un área: la concerniente a la infanto-adolescencia.
Vale la pena recordar que se proponía como finalidad el tratar de abrir un campo de investigación de un modo preciso: como una investigación de campo, abierta al intercambio, el diálogo y el debate del psicoanálisis con otros discursos que tienen incidencia sobre el niño y –subrayemos esto- poniendo a prueba una concepción de la interdisciplinaridad como un uso posible del psicoanálisis. Dicha concepción implicaba una forma de establecer dicho lazo discursivo en la cual el psicoanálisis no fuera un discurso “supra” o en más, sino un discurso que permitiera mantener abierto lo que se necesita para que un lazo social sea, precisamente, … lazo (social).
Hace algunos años, en el 2001 en Guayaquil, Beatriz Udenio subrayaba cómo a través de la constitución de esas verdaderas cocinas de trabajo interdisciplinario que denominamos “laboratorios”, comenzamos a explorar las formas actuales, es decir contemporáneas, que iba tomando el discurso, fundamento de las Instituciones por las que el niño debe pasar, y donde constatábamos su carácter segregativo cada vez mayor, debido a las consecuencias de los cambios sociales provocados en nuestro mundo actual: mutación de la familia, desfallecimiento de las figuras de autoridad, migraciones de población inéditas.
Lo que en distintos ámbitos disciplinarios se exploraba como globalización, posmodernidad, individualismo, neocapitalismo, etc., llegaba al campo del psicoanálisis de orientación lacaniana, tocando nuestra puerta, la de nuestra responsabilidad ética pensada más allá de las cuatro paredes del consultorio de cada psicoanalista, entendida como responsabilidad de ir al encuentro con la comunidad, recordándonos lo que Lacan había profetizado y por lo que nos tocaba responder: si estábamos a la altura de responder por los problemas que plantea nuestra época actual, entendida, en este caso, como consecuencias sobre la subjetividad de los niños y adolescentes de hoy en día” .
La pérdida de referentes, el tambaleo de los semblantes, la proliferación de nuevas “etiquetas” para nombrar al niño (niño violento, víctima, abusado, niño TDA/TDAH, niño abandonado, objeto de pornografía, de trabajo infantil) importan consecuencias sobre los niños y adolescentes y sobre las instituciones por las que transitan habitualmente.
Cuando nos sentimos en condiciones de asumir el dictado de un Seminario asociado al ICBA, nos dedicamos primero a situar nuestro modo de entender la interdisciplinar: como síntoma, es decir, como aquello que se resiste a ser “incorporado” por lo social, como otro objeto de consumo. Esto abría a un abanico de posibles respuestas por parte de los profesionales involucrados, aliviados de la presión de ser consumidos por la voracidad del mercado y lo que este esperaba de ellos. Una pequeña torsión en defensa de un lazo de otro tipo, entre los mismos profesionales.
El movimiento inmediato nos llevó a explorar el estado de los saberes en la actualidad, deteniéndonos en la promoción de los saberes expertos, como objetos a ser consumidos, y el impacto en la relación de cada sujeto con el saber posible a inventar –ya sea del lado de los profesionales o del lado de los mismos niños. Rescatar la posibilidad del pequeño saber propio a cada quien, volvía a situar los modos de un lazo entre los sujetos y de los mismos con su saber –sabido o no sabido- diferente.
En nuestra investigación 2007-2008, basándonos en las conversaciones en los laboratorios, pudimos ubicar el viraje de lo que Freud llamaba “His majesty the baby” a lo que actualmente pasa a denominarse “el niño tirano”.
Freud describía al niño sostenido por la posición de objeto del ideal de los deseos incumplidos de los progenitores señalando que “la enfermedad, la muerte, la renuncia al placer y la limitación de la propia voluntad han de desaparecer para él, y las leyes de la naturaleza así como las de la sociedad, deberán detenerse ante su persona” . Curiosamente, ese niño “majesty” era, a la vez, un niño tiranizado, apartado del mundo, encerrado como “tabú”.
Esto nos llevó a la ubicación actual que Z. Bauman le diera al niño contemporáneo como siendo para los padres “objeto de consumo emocional”. Entonces, lo que salió a relucir es que, en ese viraje de la posición del niño como un “tirano”, abusivo y autoritario, se encubría la situación de desamparo y desvalimiento en que se encuentra. Esto nos ha llevado a explorar la relación epocal con la noción psicoanalítica de “lo imposible”. Es en lo que nos detendremos, desplegando algunas hipótesis.
En primer lugar, partamos de que la relación actual con lo imposible ha ido reforzando la impotencia de los adultos quienes al relegar la función de encarnar al Otro regulador que realizaría una transmisión adaptativa siempre traumática del goce, se esfuerzan en responder con más pedagogía, o regulando acciones de resguardo a partir del modelo de la incertidumbre permanente, y se confrontan por parte del niño con: mayor rechazo y mayor exposición, alentando la proliferación de nombres que no lo nombran.
Lo que el psicoanálisis pone de manifiesto es que hay un aspecto irreductible de la transmisión. Se trata de la función de residuo que se juega en la necesidad de un deseo que no sea anónimo para humanizar al viviente. “Muchos de los rechazos de los niños son respuestas a las formas anacrónicas que velan un deseo muerto que se traduce muchas veces en odio ”. Corroborándose los efectos de la devastación que se presenta en el campo del Sujeto y del Otro en la contemporaneidad.
Estas respuestas tanto del niño como del adulto se configura a partir de la presencia en la actualidad de una lógica implacable: evitar el cuestionamiento de lo que para Lacan es la clave-“lo que se refiere al goce. Asegurar lo imposible por el lado de la verdad, solo potencia el poder de los imposibles: gobernar, educar y analizar” .
El encuentro a partir de múltiples experiencias, tanto del campo educativo, como sanitario o jurídico con un rasgo recurrente del vínculo del niño con los avatares de la vida cotidiana, ponen de manifiesto un esfuerzo denodado de los adultos por mantener al “niño preservado de las contingencia”, verificándose la suspensión de la autoridad basada en la experiencia, con la consiguiente pérdida de referencias orientadoras que lo habiliten a confrontarse con el “saber arreglárselas con el dolor, el no saber, el no poder, el temor,…”, no sin la mediación de la castración. Vemos inmediatamente un efecto de desprotección del sujeto, allí donde se lo intenta proteger de más!
Por otra parte, y ante las dificultades y el padecimiento que conlleva esta situación para el niño, se observa la desimplicación o ajenidad de los padres, respecto de las dificultades que los niños presentan, cuya posición queda asimilada al de un electrodoméstico sin manual de instrucciones, que debe ser puesto en manos de especialistas para recuperar el buen funcionamiento que se espera de él (nuevamente, “objeto de consumo emocional”).
“Impossible is nothing!!!”
“Impossible is nothing!!!” Así reza el slogan con que una marca de ropa deportiva promociona no ya sus productos, sino que oferta además pertenecer a un determinado estilo de vida -vía la adquisición de lo que a esta altura podría definirse como el consumo de “la pura experiencia”, la mercancía virtual, llega entonces a su estatuto de “la mercancía por excelencia” paradigma de un capitalismo “sin fricciones”..
Dos características presenta la relación con el objeto de consumo en esta tardía etapa del capitalismo –que simplemente repasamos: la multiplicación de los mismos, su permanente disponibilidad para el consumidor y una brutal aceleración del vínculo con la infinidad de objetos ofertados: con la consiguiente consecuencia de su veloz caída en desuso y su pronta sustitución. En este pasaje de las sociedades de producción a las sociedades de consumo los consumidores mismos entran en el torbellino de la vorágine consumista, convertidos a su vez en objetos rápidamente descartables.; por ello, consideramos que es importante situar el modo vertiginoso en que niños y adolescentes entran en este juego de relaciones, fuertemente determinadas por las leyes del mercado al que ingresan muy precozmente. Verán que allí toma pleno sentido la insistencia en la frase de Bauman.
Plantear que no hay imposibles constituye una forma de modulación, que contrariamente a lo que la intuición podría captar como una extensión ilimitada de las posibilidades de los sujetos, produce el empuje a un goce desregulado.
Mauricio Lazzarato - en torno al planteo de Gilles Deleuze acerca de las sociedades de control- ubica el hecho de que el poder se ejerce hoy sobre las subjetividades modulándolas, y que ya no se trata de prácticas disciplinarias en un espacio cerrado sino de modulaciones en espacios abiertos.
Este dispositivo que, Lazzaratto y Baudrillard llaman modulación, opera principalmente a través de las nuevas tecnologías de información y comunicación de masas, pero también apela a los llamados “formadores de opinión”, maestros, médicos; profesionales de las más variadas disciplinas, produciendo así una verdadera inflación de “saberes expertos” .y soluciones “listas para usar” que arrasan con los lazos sostenidos en otros modos de transmisión. Otros modos de transmisión que resguarden, ¿qué?: un punto de imposible.
La desvalorización de la experiencia vivida y su sustitución mediante la imposición de modelos simulados de gestión replicable, basados en una concepción binaria de la existencia produce un modo de efectuación que elude toda contingencia dentro y fuera del horizonte virtual y naturaliza lo que podríamos llamar una nueva realidad ordinaria.
La presencia de lo hiperreal del simulacro, en los campos del saber en relación con el niño, barre con los semblantes, promoviendo un tratamiento del goce por fuera de discurso; que en tanto regulación, límite, o referencia, habilite algún modo de lazo social.
Como sombras chinescas, en su fluida y luminosa evanescencia, los objetos virtuales se suceden en el horizonte, imágenes que abren nuevos interrogantes a cada instante, dando a veces la impresión de que la única respuesta posible es la fascinación, a veces expectante, otras impotente…
Anna Aromi nos señalaba hace unos meses, en nuestra Jornada “Modos de Encierro”
“…sentirse impotente frente a los cambios es una elección ética. Es una posición electiva. Y me parece que es una posición que no conviene tomar porque para acercarse a los jóvenes no sirven ni la tradición ni el catastrofismo.
Demasiadas veces estamos rígidos. Nos encerramos tratando de hacer encajar respuestas viejas en problemas nuevos y eso, como decía Hannah Arendt, no funciona.
Hay que cambiar de posición. Es urgente una flexibilización, hemos de adaptarnos a la flexibilidad, que es una característica de los nudos…”
Entonces, Quo vadis? (¿hacia donde vamos?)
Esto depende, entonces, de cómo leamos las condiciones en las que se está produciendo la instalación del niño en la actualidad.
En el reconocimiento de que el mundo cambia a una velocidad inédita - para situar así la alteridad radical de la realidad actual como otra a cada instante- es que tal vez podamos arriesgar –es una hipótesis- que así como parece ser la virtualidad aquello que mejor captura el goce de los chicos, es en el marco de la interfaz con ese enjambre vertiginoso de imágenes donde se va construyendo un entramado de posibles nuevas figuras del Otro; ya que el Otro no es previo; y de allí el interés en situar su producción.
Si decimos que el lazo entre el viviente y el Otro es un nudo a construir, que es algo que se teje, no es conveniente tomar una posición nostálgica por la caída del padre y sus semblantes de autoridad. Esa nostalgia, como ha señalado J.-A. Miller, es el fundamento de lo retrógrado que hay en algunos psicoanalistas y constituye su particular modo de encierro.
Es desde nuestra experiencia, en contacto con niños y adolescentes que han crecido en esta época de espejismos, que vemos que ellos pueden, y de un modo sorprendente (aún frente al adulto más escéptico y desganado), dar algunas respuestas creativas. Por ello, en nuestras experiencias de laboratorio, nos proponemos la posibilidad de interrogar, a partir de cada experiencia, qué condiciones pueden establecer quienes se ocupan hoy de los niños y adolescentes, para alojar y propiciar estas nuevas formas de respuesta, que resulte un freno necesario a la vorágine de desencuentros.
Detener la huída y retener las búsquedas, habilitar la pregunta, alojar el valor de las pequeñas invenciones que cada niño posee, sostener preguntas en vez de taponar con respuestas es la oferta que el psicoanálisis propone en los laboratorios del CIEN.
Habilitar la propia pregunta por el ¿adonde vas? (quo vadis) permite reintroducir tanto para el adulto como para el niño una búsqueda que en “la fortaleza del propio anudamiento sintomático sostenga agujeros que permitan inventar” . Un lazo social genuino se puede sostener en un movimiento de búsqueda, que es un movimiento de deseo –orientado por un imposible que está en su causa y no como objetivo.
Xavier Esqué, al tratar el tema de la nominación como una cuestión clave, indica algo interesante respecto de lo que llamamos “desorientación” (cito): “ para los más jóvenes, hijos del Otro que no existe, quizás se pueden orientar como con el GPS…” En sus palabras, la nominación paterna no es algo que haya que añorar, ni temer perder como brújula. Tema a continuar debatiendo…
En todo caso, es lo que abre nuestro recorrido por venir. “Si el nombrar es un acto que instala la conexión entre sentido y real, es añadir a lo real algo que puede hacer sentido”, el poder del niño contemporáneo, entonces: ¿no estará precisamente en la búsqueda de un nombre que lo oriente?, ¿en alguna referencia que funcione como norte?
Hernan Vilar (relator), Marita Manzotti, Elena Nicoletti , Beatriz Udenio
Noviembre 2008.
1 comentarios:
Buen intento de psicoanálisis aplicado. Creo que el significante imposible es nada viene ocupar el velo de esa gran "nada" que mortifica a los cuerpos modernos. El imperio de un goce que "exige" el máximo esfuzo. Interesante propuesta la de su Blog. Http://licenciadoronald.blogspot.com
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